viernes, 20 de octubre de 2017

Palabras de Felipe VI, Rey de España en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias (Fragmento. Sobre el inaceptable intento de secesión de Cataluña)

Oviedo, 20 de octubre de 2017



Señoras y Señores,

Quiero iniciar esta parte final de mi discurso agradeciendo nuevamente a todos los premiados su asistencia especialmente a los Presidentes del Parlamento, del Consejo y de la Comisión Europea, a quienes acompaña el Presidente de su Tribunal de Justicia. Su presencia hoy aquí en Asturias simboliza, el compromiso, el apoyo y la solidaridad de las instituciones europeas con España, con nuestro sistema constitucional y con nuestro Estado Social y Democrático de Derecho.

Señores Presidentes: España tiene que hacer frente a un inaceptable intento de secesión en una parte de su territorio nacional, y lo resolverá por medio de sus legítimas instituciones democráticas, dentro del respeto a nuestra Constitución y ateniéndose a los valores y principios de la democracia parlamentaria en la que vivimos desde hace ya 39 años.

Durante las últimas décadas, los españoles hemos continuado nuestra historia, haciendo honor a nuestra decisión soberana de convivir juntos en democracia. Hemos vivido y compartido éxitos y fracasos, triunfos y sacrificios, que nos han unido en alegrías y sufrimientos. No lo podemos olvidar. Como no queremos ni podemos renunciar a lo que juntos hemos construido, sumando las aportaciones de todos, que constituye un valiosísimo legado que a todos y cada uno nos pertenece por igual.

Y ello ha sido posible gracias a una España cimentada en el deseo sincero de convivencia y de entendimiento; en el respeto de las normas y de las reglas de la democracia; en reconocer con grandeza y generosidad los errores del pasado para no caer de nuevo en ellos; una España en la que todos sus ciudadanos —cualesquiera que fuesen sus ideas, dondequiera que nacieran o vivieran— tuviesen la oportunidad de encontrar su lugar en paz y libertad, sin temores ni miedos a la imposición ni a la arbitrariedad, alejados del rencor y las fracturas.

Y a una España, también, abierta y solidaria en la que pudieran reconocerse todos y cada uno de los españoles, y en la que los pueblos que la integran viesen protegidas, reconocidas y respetadas sus lenguas, sus culturas, sus tradiciones y sus instituciones, como un verdadero patrimonio común que sin duda nos enriquece y nos identifica.

Unos ideales estos que, como los que estuvieron en la razón de ser de la UE, debemos tener siempre presentes. Porque ningún proyecto de futuro se puede construir basándose en romper la convivencia democrática; ningún proyecto de progreso y libertad se sustenta en la desafección, ni en la división — siempre dolorosa y desgarradora— de la sociedad, de las familias y de los amigos; y ningún proyecto puede conducir al aislamiento o al empobrecimiento de un pueblo.

La España del siglo XXI, de la que Cataluña es y será una parte esencial, debe basarse en una suma leal y solidaria de esfuerzos, de sentimientos, de afectos y de proyectos. Una suma que siga alimentando nuestra vocación universal, nuestro legítimo orgullo de pertenecer a la gran realidad democrática que es Europa.

Por eso, Europa, la Unión Europea, forma parte del ser de esa España; una Unión que trasciende a los Estados con respeto a todas nuestras identidades y sensibilidades; una Union que dé respuesta a la modernidad, que indudablemente avanza hacia una mayor integración y convergencia. Ese es el signo de nuestros tiempos, del mundo en el que vivimos.

Señores Presidentes: los españoles no olvidan ni olvidarán que la Unión ha sido siempre un referente para España en el origen y en la consolidación de nuestra democracia; y que ha impulsado decisivamente nuestra prosperidad y bienestar. Pueden estar seguros de que la Unión encontrará en nuestro país un pilar esencial de apoyo y lealtad ante los nuevos desafíos que juntos debemos afrontar. Un camino que debemos recorrer acompañados de la razón, la palabra y el respeto a las reglas de convivencia, inspirándonos en tres principios europeos que también son indisociables: la democracia, los derechos fundamentales y el Estado de Derecho.

Señoras y Señores,

La entrega de nuestros premios en Oviedo ha sido siempre un acto de reconocimiento de valores cívicos y de principios morales. Y esta tarde hemos continuado esa tradición una vez más, como lo venimos haciendo desde hace ya 36 años.

Y en estos tiempos duros y difíciles que vivimos, es necesario más que nunca reivindicar los principios democráticos en los que creemos y en los que se sustenta nuestra vida en común. Son tiempos para la responsabilidad. Nuestros ciudadanos lo merecen. Unos ciudadanos que desean convivir y progresar en paz y que diariamente ofrecen un ejemplo de sacrificio, entrega y compromiso con su país.

Y me siento muy orgulloso de afirmarlo aquí en Asturias, en esta tierra leal, tan querida y siempre admirable.


Muchas gracias

jueves, 19 de octubre de 2017

Lo determinante es quién cuenta los votos

Ramón Escovar León. El Nacional




“Las únicas metáforas buenas son los lugares comunes. Porque los lugares comunes corresponden a verdaderas afinidades entre las cosas”, enseñaba el gran Jorge Luis Borges. Hay un lugar común que describe lo ocurrido el pasado 15 de octubre: “Las dictaduras no pierden elecciones”; así fue difundido en las redes sociales después de anunciados los resultados oficiales. La ex presidente de Costa Rica Laura Chinchilla fue la primera en recordar esta frase.

Paradójicamente, los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral debilitan al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

En efecto, la comunidad internacional está hoy más convencida del verdadero rostro castrista del régimen venezolano. Es por esta razón que el Grupo de Lima pide “una auditoría independiente de todo el proceso electoral”. La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrsytia Freeland, afirma que las elecciones del 15 de octubre estuvieron “caracterizadas por numerosas irregularidades que producen preocupaciones significantes y creíbles sobre la validez de los resultados”. Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, también manifiesta preocupación por la manera como se desarrolló el proceso; y el presidente estadounidense, Donald Trump, se refirió el martes pasado a “la opresión socialista” que sufre Venezuela.

A lo anterior se suma la afirmación del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en un tweet del 17 de octubre: “Ante no reconocimiento de resultados electorales en Venezuela es: elecciones generales, veedores extranjeros y CNE independiente”. De esta manera, el descrédito internacional del gobierno marxista se ha repotenciado, debido a los innumerables vicios que, a los ojos del mundo, vivimos los venezolanos en el proceso de elección de gobernadores.

La negativa a cambiar a todos los candidatos opositores en las boletas de votación para ajustarse a los resultados de las elecciones primarias; la reubicación estratégica de los electores “por razones de seguridad”; las fallas de las máquinas; la sustitución de la empresa Smartmatic por otra (que debe ser bien identificada), sin que se aclarara la denuncia de aquella sobre la inflación de votos en la “elección” para la constituyente; el paseo de los colectivos “de la paz” para intimidar a los votantes; el ventajismo de los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela; el uso abusivo e inconstitucional del carnet de la patria y de las bolsas de los comités locales de abastecimiento y producción, CLAP, son algunos de los vicios que demuestran este sofisticado método para “ganar” elecciones: te doy comida si me das el voto. Se trata de una modalidad de fraude en varias fases.

La Mesa de la Unidad Democrática tiene ante sí el reto de mejorar su capacidad de respuesta ante situaciones como la ocurrida. El tiempo para responder a jugadas políticas del contrincante es lento y hasta contradictorio por la variedad de voceros. Esto, junto con las divisiones internas, debilita aún más las posibilidades de diseñar una estrategia política que permita derrotar al régimen.

El esfuerzo, como lo recomienda el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, debe centrarse en el cambio del Consejo Nacional Electoral por uno integrado por rectores imparciales y confiables. De lo contrario el “socialismo del siglo XXI” seguirá “ganando” elecciones.


Es difícil entender cómo un gobierno que ha llevado a Venezuela a la miseria y la ha convertido en un montón de escombros pueda “ganar” 18 gobernaciones de 23 (la del estado Bolívar acaba de ser adjudicada, bajo protesta, al oficialismo). La explicación está en la frase atribuida a José Stalin: “No importa cómo se vota ni quién vota, ni dónde ni a quién. Lo importante es quién cuenta los votos”.

martes, 17 de octubre de 2017

La Diada de los independentistas nada tiene de republicanismo ni de cesionista

Mario J. Viera



Hay que ver como los acontecimientos históricos se transforman en hechos de especial relevancia para impulsar un proyecto político en situaciones de tiempo y condiciones diferentes. Así ocurre con la Diada de los independentistas catalanes tan animados a favor del republicanismo. Una fiesta nacional de supuesta gloria colectiva de los catalanes y de sus guías románticos tan dispuestos a favor de la voluntad del pueblo de liberarse de los opresores. La fiesta nacional de Cataluña la diada del onze de setembre no es más que la glorificación de la capitulación de Barcelona ante las fuerzas de Felipe de Borbón que ponía fin al conflicto de la sucesión a la corona hispánica entre los pretendientes al trono Felipe de Borbón y el archiduque Carlos de Austria para presentarle como un día representativo de la rebeldía catalana.

¿Rebeldía popular catalana? ¡Válgame Dios! Se trataba simplemente de una guerra entre aristócratas por imponerse en el trono y sin representación popular y tal como lo ha expuesto el historiador hispanista británico John Lynch la “rebelión catalana de 1705 no fue espontánea ni popular en su origen, sino que expresaba los objetivos políticos de la clase dirigente”. Y ejemplifica diciendo: “Barcelona albergaba una élite urbana cohesionada, producto de la mezcla de la oligarquía de Barcelona con la aristocracia tradicional y consolidada gracias al renacimiento de la economía catalana a partir del decenio de 1680”, nada con lo que organizaciones catalanas como Candidatura d'Unitat Popular (CPU), Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) o Procés Constituent a Catalunya, todas tan antisistema, todas tan republicanas, todas tan de tendencia procomunista, pudieran sentirse muy cómodas. Y remata el historiador citado: “Para la élite catalana, la Guerra de Sucesión era la oportunidad de explotar la posición de Cataluña y de vender su alianza al mejor postor”.  En definitiva la diada no conmemora la derrota de una rebeldía popular en lucha contra un poder opresor o contra una metrópolis extranjera dominadora, sino la derrota de un sector de la aristocracia y de la oligarquía catalana que se definían a favor de las ambiciones de un príncipe austríaco que ni siquiera sabía expresarse ni en castellano ni en catalán. El pueblo, en aquella “rebeldía catalana” solo participaría como carne de cañón en una guerra que en nada le beneficiaría.

Nada comparable, el bochorno de 1714, con la grandeza del 2 de mayo madrileño, verdadera rebelión popular contra un ejército extranjero ocupante, ni en nada semejante a la resistencia de la ciudad aragonesa de Zaragoza frente a los franceses durante los sitios de 1808 y 1809 y hay que decir propiamente resistencia de Zaragoza porque los civiles, la gente del pueblo se armó para hacerle resistencia a las tropas galas como las mujeres de la plaza del Portillos que con piedras, palos y cuchillos se enfrentaron  a los infantes de la tropa del general Lefèvbre. En la Barcelona de la batalla de 1714 no hubo héroes como en Zaragoza; allí no había ninguno como la heroína Agustina de Aragón, solo el pálido conseller en cap Rafael Casanova herido precisamente aquel 11 de septiembre de 1714.

Pero es que los pueblos necesitan de los héroes para alimentar su propia identidad. Héroes que les sirvan de inspiración, sin importar que sean imaginarios o que se les dote de elevados dones y hazañas atribuidas, para colocarles por encima de lo cotidiano y alimentar la mitología popular. Así la imaginería catalanista convirtió a un simple partidario y defensor de la monarquía de Austria en algo así como el ícono de todas sus aspiraciones independentistas y republicanas. Y se le hizo estatua y se le dedicó una tarja en el sitio donde el conseller fue herido, que reza: “Aquí cayó herido el Conseller en Cap Don Rafael Casanova defendiendo las Libertades de Cataluña. 11 de septiembre de 1714”. Así cuando se proclama la Segunda República española de incrementaron los actos de homenaje a su memoria; homenaje republicano a un aristócrata partidario de un monarca austríaco.

¡Pero, hombre, si hasta un descendiente actual del Conseller Cap, Luis María Gonzaga de Casanova-Cárdenas, tiene una muy diferente opinión que la de los catalanistas, vamos, que no de los catalanes! Y dice este, que es duque de Santangelo, en entrevista al diario ABC: “Rafael de Casanova, cuando llegó el momento en que tenía perdida la batalla, no transformó Barcelona en Numancia. No fue una tragedia, fue una derrota. Se negoció una paz, el rey le perdonó después y no pasó nada. Murió en familia...” Pero se había opuesto a la rendición de la ciudad, aunque los cerca de 16 mil defensores de la ciudad, muchos de ellos civiles, comprendían que no podrían hacerle frente a un ejército borbón de 35 mil infantes y 5 mil jinetes y obstaban por la rendición. Por su parte, el historiador Henry Kamen, en su libro “España y Cataluña: historia de una pasión” ─ citado por ABC ─ sentenció: “La decisión suicida e innecesaria de no rendirse fue de Casanova”, y se aclara que, el “día del asalto final, Casanova estaba durmiendo y tras ser avisado se presentó en la muralla con el estandarte de Santa Eulalia para dar ánimos a los defensores” y publicó un bando para los defensores de Barcelona en donde pedía “salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por el rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España". Casanova era contrario al rey Felipe de la casa francesa de Borbón y partidario del archiduque de Austria que consideraba mejor para Barcelona y para la España entera.


Pero Casanova no muere en el combate solo recibe una herida de poca gravedad en el muslo y, de acuerdo con ABC: “Disfrazado de monje, Rafael Casanova huyó de la ciudad y se escondió en la finca de su hijo en San Boi de Llobregat. En el año 1719, fue amnistiado y volvió a ejercer como abogado hasta retirarse en 1737. Murió en Sant Boi de Llobregat, treinta y dos años después de la rendición de Barcelona”.  

lunes, 16 de octubre de 2017

EL PALO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

Pablo Socorro


Si a Colón no se le hubiera roto el palo mayor de la Pinta tres dias después de salir de Palos de la Frontera rumbo a las "indias" (las que el Almirante sospechaba tenían muy buena pinta), tal vez la historia de América sería diferente. A la altura de las Islas Canarias los vientos del este soplaron tan fuerte que el mástil de la nave capitaneada por Martín Alonso Pinzón se quebró como un pirulí congelado y Colón estuvo un mes varado en puerto para su reparación.

Muchos consideran tal inconveniente como un golpe de suerte. De no haberse producido tal retraso en los planes del Almirante de la Mar Océana, sus tres naves habrían incursionado en el Caribe en pleno apogeo de la temporada de huracanes, y tal vez habrían desaparecido para siempre, retrasando quien sabe cuántos años la llegada de los europeos a nuestro continente. Dicen los que saben que cuando aquello los ciclones vacacionaban más temprano en el Caribe. Pero desde que Trump nos sacó del Tratado de París ahora los huracanes remolonean en octubre. Como buscando otra crisis.

Por fin, el 6 de septiembre Colón pudo zarpar desde La Gomera en una travesía de 70 dias sobre un mar bastante tranquilo. Cuando la tripulación ya comenzaba a desesperar, y a apestar, Rodrigo de Triana gritó "¡Tierra a la vista!" y el mundo conocido cambió para siempre. El 12 de octubre de 1492 la tierra dejó de ser plana para convertirse en una esfera (dicen que más bien tiene forma de patata mirada desde el espacio). Pues hoy la Patata, estremecida por guerras, explosiones nucleares, terremotos y ciclones, también es amenazada por un grupo de pijoprogres que ahora quieren cambiar la historia. Intentan ningunear al Almirante, a Rodrigo de Triana, a la Niña, la Pinta y la Santa María, y a los hermanos Pinzones. Andan diciendo ─ malevolentes que son los pijoprogre ─ que el síndrome del colon irritable nació del tremendo berrinche que se montó el Almirante al descubrir que no había llegado a las Indias. O que los vikingos Eriksson y Verizon fueron los primeros en descubrir a América.

Todo lo tienen bien calculado esos pijoprogres para echarnos en el saco de un igualitarismo acomplejado. Nos venden la imagen del Gran Almirante de la Mar Océana poniendo un pie en tierra y diciéndoles a los inditos (que no era tales):

- ¡Hola! Soy Cristóbal Colón y vengo a colonizaros

Y que el Cacique Hatuey le respondiera:

- Menos mal que no te llamas Sodom

La hazaña de Colón comenzó a desmoronarse bajo los mandarriazos de una izquierda urgida de acabar con la historia conocida para escribir la suya propia, a conveniencia y medida. Todo comenzó cuando se desmerengó el campo socialista y el Difuntito en Jefe convenció al corrupto Lula Da Silva para crear el Foro de Sao Paulo en 1990, una especie de entente marxista que agrupó inicialmente a toda la izquierda desperdigada por el mundo tras la caída del Muro de Berlín.

Dos años después se produjo un movimiento curioso. Mientras España se empeñaba en consolidar las Cumbres Iberoamericanas -foro que en tantos años solo ha tenido un gran hito histórico: el "¿por qué no te callas?" del Rey a Chávez-, esa izquierda remasterizada empezó su tarea de deconstruir la Historia de América Latina, empezando por replantear el significado del 12 de octubre de 1492.

La Historia no es solo una sucesión de hechos casuales, sino más bien una cadena de hechos causales. Según los sociólogos Nicolás Márquez y Agustín Laje en su obra "El Libro Negro de la Nueva Izquierda: ideología de género o subversión cultural", varios acontecimientos, en apariencia inconexos, sirvieron para sentar el nuevo soporte discursivo a una izquierda huérfana de la Madrecita Rusia, pero con el padre putativo sentado en su islita cubana manejando los hilos tras bambalinas.

Se inventaron nuevas banderas, se oxigenaron viejas consignas, y en silencio la izquierda reciclada reemplazó las balas y los bolos (como le decíamos a los rusos) por los votos y las urnas. Los obreros y campesinos de Marx y Lenin fueron desplazados para acoger a un Hombre Nuevo forjado con las dosis precisas de incontinencia, marginalidad, anarquismo, delincuencia, corrupción y tontería útil.

Dos años después del Foro de Sao Paulo, y coincidiendo con el 500 aniversario de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, 458 ONGs fueron creadas de repente para vender la nueva versión precolombina del Descubrimiento.

El 12 de octubre 1992 se llevó a cabo en Bolivia la primera gran marcha indigenista, donde se crucificó ante la Historia la gesta del Almirante. La marcha fue encabezada por un desconocido dirigente cocalero llamado Evo Morales, un poco falto de seso, pero ladino como indio de encomienda. Paralelo a esto, otro ignorado coronelito nombrado Hugo Chávez daba dos cruentos golpes de estado en Venezuela que, aunque no fructificaron, siete años después le sirvieron para vestirse de dictador de su país. También en 1992, en Rio de Janeiro, y bajo el amparo del marxista Lula, otras 1500 ONGs de todo el mundo proclamaron el "ecologismo popular" y comenzaron a reclamarle a los países industrializados la "deuda ecológica" por la explotación de los recursos naturales de las naciones menos desarrolladas. Nicaragua, a lo gran potencia, fue uno de los tres países que no firmaron el Tratado de Paris sobre el cambio climático. Daniel Ortega reclamó una indemnización monetaria a los países ricos por haber "gastado el medio ambiente", como si esto fuera una pastilla de jabón o un tarro de mermelada.

Pero ya tenía la nueva izquierda nuevas banderas que empuñar, más atractivas que los apolillados estandartes de Lenin y Marx.

El 12 de octubre pasó de ser el Dia del Descubrimiento o la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, al Dia de la Raza; y cuando no convino porque hubo cierta raza que se creyó con más derecho que otra -¡igualados! les dijeron-, se inventaron lo del Encuentro entre las Dos Culturas, hasta que Hugo Chávez radicalizó la parada con lo del Dia de la Resistencia Indígena y de buenas a primeras todos los latinoamericanos pasamos a ser indios vengativos a la caza del primer español que nos cayera a mano para cobrarnos el genocidio que hicieron con nuestros queridos parientes, Siboney, Atabey, Hatuey y sus hermanos Cristal y Mayabe, Caonao, Anacahona, Atahualpa Yupanqui -famoso engrasador precolombino de ejes de carretas-, Tupac Amaru, el Indio Naborí, Manco Capac y su hermano Cojo Incapac, Nube Blanca, Toro Sentado, Rabo de Nube y Silvio Rodríguez.

Nadie niega que los españoles se tomaron muy a pecho el papel evangelizador y a fuerza de espada y cruz casi acaban con los habitantes del mundo descubierto, pero también, si se hubieran demorados unos años más en pisar tierras americanas la habrían encontrado desierta por el baño de sangre que se tenían entre manos los caciques de los aztecas, mayas e incas. En Cuba, Dominicana y el resto de las islitas tampoco habrían encontrado habitantes, debido a la antropofagia de los indios Caribes que venían de Venezuela a buscar la carne de la semana allende los mares. Como quien va a la carnicería en busca de un buen corte. "¡Tráeme riñonada de la buena!", le decía la mujer, y allá se iba el Caribe con su jabita al brazo.

Hoy, en aras de una tardía reivindicación histórica, se quitan estatuas del Almirante, cambian nombres a plazas y avenidas y ponen en la lista negra a los que se niegan a seguirles. Y hasta algunos de esos pijoprogres se preguntan por qué Colón comió tanta mierda con la brújula, el astrolabio y el cuadrante, si con poner la dirección de La Española en google maps iba al seguro. La coca reblandece el cerebro.

domingo, 15 de octubre de 2017

Rateros electorales

Fernando Rodríguez. EL NACIONAL



Bien sabido es que Chávez hizo de las elecciones frecuentes una de las más novedosas formas de vender su dictadura enmascarada. Destruía toda forma de institucionalidad; convertía las fuerzas armadas en una secta a su servicio, ideologizada y muy corrupta; y construía con los métodos más arteros una hegemonía comunicacional que reducía a su mínima posibilidad expresiva cualquier disidencia. Pero había elecciones a granel y, por tanto, debía suponerse que había democracia.

Justo es reconocer que esta febril actividad electoral fue en buena parte posible porque los petrodólares llovían a cántaros y porque durante un largo tiempo el teniente, farandulero y demagogo, captó el corazón de millones de venezolanos, como las telenovelas.  De manera que eso le hizo pensar que ganaría eternamente las elecciones. Muy confiado en su destino manifiesto instaló un sistema electoral que hasta sus virtudes técnicas tenía y que logró venderse bien, sobre todo a los enceguecidos por el dólar abundoso y fácil, aquí y allá.

Pero paralelamente, dado que hay que prevenir siempre, y hubo más de un susto en el camino, montó una no menos poderosa fábrica de delitos electorales. De ella se hará una larga y prolija historia. Nace con la postergación del referéndum revocatorio de 2004, ejecución maestra de Jorge Rodríguez, la manipulación de firmas de este y la inolvidable lista de Tascón (que a lo mejor no era tan de Tascón, el pobre, sino del propio Chávez) que instaura solemnemente el mandamiento primero y perenne para todo votante: o sufragas por mí, hijo mío y de Bolívar, o te jodo. Pero sobre todo ahí se instaló un insuperable sistema de incentivos positivos, clientelares, ventajistas, llamados misiones, también para siempre: vota por mí, hijo mío y de Bolívar, y tuyas serán las migajas de la mesa. Esta estrategia electoral fue inventada por el no menos difunto Fidel Castro, según confesión del propio Chávez, y se convirtió en permanente política social del Estado nacional hasta el día de hoy. Todo esto fue importantísimo para el desarrollo de la tragedia que se iniciaba.

Esta maquinaria, junto con la formidable del partido gobernante, igualmente subvencionada con los fondos públicos, permitió ganar prácticamente todas las elecciones, salvo aquella memorable “victoria de mierda”. Por ejemplo, no hay duda de que sin su demoledora intervención no hubiese tenido lugar la minúscula victoria de Maduro sobre Capriles. Y no vale la pena insistir en sus innúmeros atropellos puntuales, Ledezma verbigracia. Hemos vivido casi veinte años sometidos a la delincuencia electoral.

Hasta que cesó de llover petróleo caro y Chávez se fue de este mundo. Cuando llegó un sucesor poco telegénico y bastante obtuso, se produjo el derrumbe sin límites del país y, en consecuencia, la revancha de las parlamentarias, que ni los babalaos predijeron en sus deslumbrantes dimensiones. Entonces se perdió uno de los postulados del chavismo electoral, disfrazarse de gente de bien en lo posible, algo aunque fuese. Se arremetió contra la Asamblea hasta amarrarle las manos, aunque no pudieron con su espíritu. Y, por último, se instaló uno de los monstruos más notables de este continente macondiano: la fascista asamblea constituyente con todo y fraude millonario, certificado por su más íntima operadora técnica. El CNE mostró su monstruoso rostro, sin los maquillajes usuales. Todo lo cual es bueno recordarlo hoy, a ver si nos cabreamos por tanta vejación cívica durante tantísimos años y actuamos en consecuencia.


En esta elección no faltan las trampas. La más repulsiva es la de las sustituciones en que se dio la lectura más falaz que se puede hacer de un artículo particularmente simple e inequívoco: “Sustituir candidatos o candidatas hasta diez días antes de ocurrir el acto electoral”. Y nueve delitos más que Eugenio Martínez ha sistematizado muy bien. Pero, obligados por la mirada ahora acuciosa del mundo, ante el cual se quiere aparecer como adalid de la concordia, sobre todo las trampas más recientes son hipócritas, rastreras y arteras, raterismo comicial diríamos. Cónsonas con la catadura moral que ya no disimula el poder que maneja las decisiones de los venezolanos. Vota, bótalos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Parricidio en Ecuador: el caso de Lenín Moreno y Rafael Correa


Felipe Burbano.


Diez años de poder mesiánico y narcisista parecen cerrarse en Ecuador bajo la conducción de Lenín Moreno, el actual presidente que llegó a la conducción del país apoyado en el báculo del líder de Alianza País, Rafael Correa. Dos banderas ha levantado el actual presidente de Ecuador, la primera, la lucha decidida contra la corrupción que se alojaba en las cámaras del correísmo y la segunda, la consulta popular para que se decida democráticamente sobre si se debe mantener o eliminar la figura de la reelección indefinida que Correa logró imponer en la constitución de Montecristi. El camino que emprende Lenín Moreno es el que conduce a una administración independiente desvinculada de la supervisión de Correa, algo que Felipe Urbano ha denominado “parricidio” como vía de transición política para hacer desaparecer al Padre de la mal llamada Revolución Ciudadana.


El relevo de liderazgo político dentro de Alianza País ha sido mucho más complejo y conflictivo de lo que imaginaron los intelectuales del movimiento y su militancia. Cinco meses después de la salida de Rafael Correa de la presidencia, tras diez años en el poder, se ha desatado una áspera disputa entre él y Lenín Moreno, su exvicepresidente y sucesor, que ha colocado al movimiento al borde de la división. El enfrentamiento muestra que a Moreno solo le quedaba la ruptura con Correa para generar una capacidad de gobierno propia, sin verse obligado a consultar o rendir cuentas de cada una de sus declaraciones y decisiones al expresidente y a la estructura de poder que este dejó montada dentro del gobierno.


jueves, 12 de octubre de 2017

Escocia y Catalunya: ¿Dónde está la diferencia?

Democracia representativa y democracia directa en dos procesos de independencia



Javier Pérez Royo. Blog Zona Crítica (el diario.es)


La referencia al acuerdo entre los gobiernos del Reino Unido y de Escocia para que se pudiera celebrar en 2014 un referéndum sobre la independencia de Escocia del Reino Unido, ha sido una constante en la argumentación del nacionalismo catalán en estos últimos años. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo en España? ¿Por qué no se puede alcanzar un acuerdo entre el Gobierno de la Nación y el Govern de Catalunya para que se pueda convocar un referéndum, en el que los ciudadanos de Catalunya manifiesten o su voluntad de continuar integrados en el Estado español o constituirse en un Estado independiente?

Este interrogante ha sido analizado desde múltiples perspectivas y se ha señalado que el proceso histórico de formación del Reino Unido es distinto del proceso a través del cual España se constituyó como Estado, que el Reino Unido no tiene constitución escrita en tanto que España sí la tiene, que el principio de soberanía parlamentaria en torno al cual gira el sistema político británico es distinto del principio de soberanía nacional/popular en torno al cual gira el sistema español y algunas más.

Doy por supuesto que el lector conoce los análisis de esas diversas perspectivas. Voy a analizar el binomio Escocia/Catalunya desde otra, de la que no se ha hecho uso, al menos de la que yo tenga conocimiento, hasta la fecha. Es la perspectiva que figura en el subtítulo que encabeza este artículo.

En mi opinión, se trata de la perspectiva más fructífera para abordar el tema, porque es la que mejor permite integrar el análisis tanto desde la perspectiva de la legalidad como desde la perspectiva de la legitimidad. Cuando a un proceso de secesión o independencia se le hace frente con una articulación armónica de la democracia representativa y la democracia directa, la respuesta es simultáneamente legal y legítima. No puede existir la más mínima duda de que es así. La aceptación generalizada y pacífica es el resultado.

Cuando la articulación entre democracia representativa y directa no se produce, las dudas sobre la legalidad y la legitimidad del proceso crecen como hongos y es sumamente difícil, cuando no imposible, que se alcance un resultado que goce de aceptación generalizada y, por ello mismo, resulte pacífica.

Escocia es el ejemplo de lo primero. Catalunya el ejemplo de lo segundo.

En Escocia se produjo un ensamblaje armónico entre la democracia representativa y la democracia directa a lo largo de todo el proceso. El comienzo fueron unas elecciones parlamentarias en Escocia a las que el Partido Nacionalista Escocés acudió con un programa en el que se comprometía a convocar un referéndum sobre la independencia. Con ese programa obtuvo mayoría absoluta. Y con dicha mayoría absoluta acudió al Gobierno del Reino Unido para solicitar autorización para convocarlo. El Primer Ministro Cameron reconoció el resultado electoral y llegó a la conclusión de que el Gobierno del Reino Unido no debía impedir que el Primer Ministro escocés cumpliera su compromiso electoral y pactó la celebración del referéndum. Fecha, pregunta, etcétera.

Primero democracia representativa. Después democracia directa. A través de la democracia representativa, principio de legalidad, se gana la legitimidad para solicitar la convocatoria de un referéndum. El nacionalismo escocés consiguió la legitimidad para la convocatoria de un referéndum después de haber obtenido la mayoría absoluta en unas elecciones parlamentarias representado por un solo partido, que había incluido expresamente la convocatoria de un referéndum de independencia en su programa.

En Catalunya no ha sido así. Dejemos de lado todas las elecciones al Parlament de Catalunya celebradas desde 1980 hasta la STC 31/2010, sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya, ya que en todas ellas el nacionalismo concurre con un programa autonomista, en el que la independencia no figura de ninguna manera.

Hasta las elecciones del 28 de noviembre de 2010, las primeras tras la STC 31/2010, no empieza el nacionalismo hegemónico en Catalunya, CiU a amagar en una dirección que podría considerarse que apunta hacia la independencia, aunque expresamente excluye esta posibilidad.

En el programa para esas elecciones CiU hace uso por primera vez del “derecho a decidir”, pero ese derecho se traduce exclusivamente “en la necesidad de que Catalunya disponga de un nuevo modelo de financiación”, excluyéndose “la posibilidad de celebrar una consulta sobre la independencia”. Con este programa CiU obtuvo una mayoría de 62 escaños. No absoluta, pero sí muy amplia, lo que le permitiría formar gobierno en solitario, aunque necesitara para ello la abstención del PSC/PSOE.

Será en las elecciones de 2012, celebradas tras una DIADA multitudinaria con una cabecera inequívocamente independentista, CATALUNYA, NOU ESTAT D’EUROPA, cuando por primera vez se apunte ya hacia la independencia en el programa electoral. CiU perderá 12 escaños y pasaría de 62 a 50. Únicamente con los 21 escaños de ERC se conseguía una mayoría nacionalista.

Con esa mayoría se organizaría el referéndum del 9-N de 2014, que acabaría desembocando en la convocatoria de unas elecciones calificadas por primera vez de plebiscitarias, que se celebrarían en septiembre de 2015. El programa del nacionalismo, unificado en una coalición electoral, JUNTS x SI, incluye la propuesta de referéndum acerca de la independencia. De los 71 escaños que habían alcanzado CiU y ERC concurriendo por separado en 2012, se pasará a los 62 que conseguirán juntos en 2015, necesitando a partir de ese momento a la CUP para tener mayoría absoluta. Cada paso adelante en dirección a la independencia se ha traducido en un retroceso electoral.

A través de la democracia representativa no parece, en consecuencia, que el nacionalismo catalán haya conseguido la legitimidad necesaria para solicitar y mucho menos para exigir la convocatoria de un referéndum. Todavía menos para convocarlo por su cuenta.

¿En dónde descansa entonces la legitimidad para la posible convocatoria de un referéndum?

Este interrogante exige otro artículo.


Subrayados de El Fantasma

miércoles, 11 de octubre de 2017

Mi Nación es España: carta de un gallego a Pedro Sánchez, el inventor de naciones

Pedro Sánchez Secretario General del PSOE


Elentir.  Blog ‘Contando estrelas


El secretario general del PSOE Pedro Sánchez en septiembre expuso su concepto de nacionalidad en España diciendo: "La nación no se identifica únicamente con los límites de un Estado, sino que dentro de un estado pueden compartirse distintas identidades nacionales. Éste es el planteamiento del PSOE. Al menos, en términos históricos, hay tres territorios que han manifestado su vocación de ser nación. Y esos son Cataluña, País Vasco y Galicia. Insisto, al menos..." Y precisó que la Nación “no se identifica con los límites de un Estado, sino que en un Estado pueden compartir territorio más de una nación”. Así el tuitero gallego Elentir decidió escribirle la siguiente carta:


Don Pedro Sánchez:

Tras leer sus declaraciones calificando a Galicia de “nación”, he echado mano de mi cartera y he sacado mi DNI, por si durante años y por algún casual me hubiese engañado la vista. Y no, sigue figurando lo que ha puesto siempre: “España”. En este Documento Nacional de Identidad (lo de “Nacional” es por España, claro) figura mi ciudad de nacimiento y de residencia, Vigo, y la provincia de la misma: Pontevedra. Por ningún lado se indica que yo tenga una doble nacionalidad, o que haya nacido en una nación dentro de otra (lo cual, dicho de paso, es un absurdo).


Es cierto que el DNI viene en español y en gallego, como todos los que se expiden en Galicia. A fin de cuentas, en esta comunidad autónoma ─ que no nación ─ tenemos dos lenguas cooficiales, las citadas. Por supuesto, tener dos lenguas no nos convierte en una nación distinta de España. La República de Irlanda tiene dos lenguas ─ el inglés y el gaélico irlandés ─ y es una sola Nación. Finlandia tiene dos idiomas ─ finés y sueco ─ y es una sola Nación. Suiza tiene cuatro idiomas ─ alemán, francés, italiano y romanche ─, y algunos de sus cantones son bilingües, pero todos los suizos se consideran hijos de la misma Nación. Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que los citados bastan para manifestar lo obvio. De hecho, resulta difícil de cuadrar con la realidad ese concepto decimonónico de asociar la idea de Nación con la existencia de una lengua. Si fuese como usted dice, todos los países de habla hispana serían una misma Nación. Y todos los países que tienen el alemán por lengua, o el inglés. Busque un mapamundi y se llevará una sorpresa.


A lo mejor usted alega que Galicia es una nación por su historia. El caso es que el nombre de mi tierra procede de la Gallaecia romana, que era parte de Hispania. A la caída del Imperio romano fuimos invadidos por los suevos ─ que se mantuvieron como una casta germánica prácticamente ajena a la población hispanorromana ─, volviendo a formar parte de la Hispania (esta vez bajo dominio visigodo) a finales del siglo VI. Tras la invasión musulmana, Galicia se sumó a la Reconquista como parte del Reino de Asturias, luego León y más tarde bajo la Corona de Castilla. Durante esos siglos y debido a cuestiones de meros repartos dinásticos, Galicia sólo fue un reino con una muy relativa e inestable independencia durante 13 años no consecutivos: 13 años de un total de 781. Cuando España se unifica bajo el reinado de Isabel y Fernando (1479), el Reino de Galicia ya llevaba 370 años incorporado a la Corona de Castilla. Desde esa unificación de los reinos de España han pasado 538 años. Para que nos hagamos una idea, Estados Unidos lleva 241 años de independencia. Llamar a Galicia “nación” es mucho más absurdo que llamárselo a los estados de Pensilvania o de Nueva Jersey, por citar a dos de las trece colonias originales de EEUU.


Es muy posible que usted diga que con independencia de la lengua y de la historia, Galicia es una nación porque así lo han dicho los gallegos. Pues tampoco. El Estatuto de Galicia no menciona a mi tierra como “nación” en ninguna parte. Cita el término “nacionalidad histórica”, una expresión ambigua que figura en el Artículo 2º de la Constitución Española, el mismo artículo que afirma: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Diga lo que diga usted, la inmensa mayoría de los gallegos nos sentimos españoles. De hecho, en esta tierra los partidos separatistas no han ganado nunca unas elecciones autonómicas en todos los años que llevamos de democracia. Es más: en Galicia los partidos separatistas llevan ya años en declive. Y a pesar de los insistentes intentos de ciertos políticos por desplazar a la lengua común, el uso del español está aumentando en Galicia, y esto en una región en la que la mayoría de sus habitantes dominamos las dos lenguas oficiales.   


Precisamente, su partido, el PSOE, ha ido cayendo en Galicia por actuar como un portamaletas de los separatistas. En las Elecciones Gallegas de 2016 obtuvo un exiguo 17,87% de los votos, siendo tercera fuerza (recordemos que en 2005 llegó al poder tras lograr el 33,64% de los votos y quedar de segundo, gracias a su alianza postelectoral con el BNG). Aliarse con unos ultras hispanófobos tuvo un coste electoral enorme para los socialistas gallegos. Pagaron en las urnas su apoyo a los planes de sus socios separatistas para imponer el gallego por encima de nuestras libertades. En vez de caer de la burra, hoy usted sigue intentando sembrar la división y la discordia entre españoles. Su modelo territorial se parece cada vez más al cantonalismo que tuvo tan desastrosos resultados en la Primera República. 

Vivimos en un momento en el que cada vez más españoles nos sentimos hartos de las consecuencias de un desaforado Estado Autonómico, que ha multiplicado por 17 las trabas administrativas, sembrando la desigualdad y ─ en el caso de Cataluña ─ incluso amenazando con romper la convivencia. Lo que usted propone es apagar un incendio echando gasolina a las llamas, y para ello pretende buscar la complicidad de una parte de la población, engatusándonos con patrañas nacionalistas. Pues mire usted: conmigo no cuela. Yo soy gallego y por tanto español. He nacido en Galicia, y en consecuencia mi Nación es España. Y no me cansaré de repetírselo a políticos como usted, que quieren trepar al poder a costa de llenar España de fronteras interiores, como si un murciano, un andaluz, un catalán, un castellano, un vasco y un gallego no tuviésemos nada en común más allá de un ejército de funcionarios llamado Estado. Pues no, oiga: todos somos españoles. Deje de una vez de inventarse naciones con el único fin de complacer a quienes odian a España y actúan con deslealtad y desprecio hacia el resto de los españoles.


Un saludo desde Vigo (España).

martes, 10 de octubre de 2017

El agente de la CIA que atrapó al Che Guevara: «Fidel Castro lo mandó a la muerte en Bolivia»




«Comandante, lo siento». El joven agente de la CIA Félix Ismael Rodríguez comunicó con estas palabras a Ernesto «Che» Guevara que iba a ser ejecutado. El guerrillero argentino «se quedó blanco como un papel», recuerda medio siglo después el propio Rodríguez. En una conversación de hora y media por videoconferencia desde Miami, este cubano que ha consagrado su vida a combatir el comunismo en numerosos países, relata para ABC, paso a paso, cómo llevó al Ejército de Bolivia hasta el Che Guevara...


SEGUIR LEYENDO 

lunes, 9 de octubre de 2017

Dos víctimas de Che Guevara: los hermanos de Vertientes




Augusto (Kiko) Villalón. Pine Island, Florida. Cuba Archive

Esto ocurrió en una plantación de arroz, la “Arrocera El Cimarrón”, que administré en una época. Estaba al sur del pueblo de Vertientes y al oeste de la finca Altamira, en la provincia de Camagüey. “El Viejo Andrés,” que me contó esta historia, era el encargado del batey de la plantación; era como de mi familia y había sido como un abuelo para mi pequeña hija, que nació mientras vivíamos allí.

La revolución contra el gobierno de Batista, dirigida por Fidel Castro, estaba en pleno apogeo. Yo me había mudado con mi familia de la arrocera al central azucarero “Lugareño”, que estaba cerca del puerto de Nuevitas, al norte de Camagüey. Fidel Castro le había ordenado al Che Guevara que avanzara hacia el oeste. La marcha de los rebeldes los llevó a la ciénaga de Birama por una ruta del sur de Camagüey próxima a la costa que, por su carácter inaccesible, era terreno seguro para las tropas rebeldes. La plantación de arroz estaba en medio del recorrido de las fuerzas de Guevara y acamparon allí durante varios días en septiembre de 1958. Las instalaciones de la finca albergaban a unos 150 obreros, que trabajaban en el campo y las oficinas, así como en el taller y los silos.

Varias semanas después del triunfo de la revolución el 1ro de enero de 1959, el viejo Andrés se apareció en mi casa en el central azucarero. Me dijo que tenía algo confidencial que contarme y, después del almuerzo, cuando estábamos solos, me relató lo siguiente:

“Un día, varios rebeldes aparecieron por allí en función de exploradores y anunciaron que el Che Guevara y el resto de su tropa estaban a punto de llegar a la arrocera. Llegaron esa noche y acamparon en el batey. El Che se instaló en tu antigua casa y durmió en lo que había sido tu habitación.

De inmediato, el lugar entró en efervescencia. Como sabes, la delación era un medio fácil y rápido de granjearse la benevolencia de los rebeldes. Corrió un rumor acerca de dos hermanos que eran tractoristas y trabajaban para ti; pronto el rumor se convirtió en acusaciones de presuntos delitos y algunos de los trabajadores aceptaron declarar contra ellos. Esa noche se formó un tribunal presidido por el Che Guevara. El ‘juicio’ duró no más de media hora y al final el Che ordenó que los ataran y encerraran en una de las barracas. No se anunció la sentencia y nadie sabía qué iba a ocurrir.


En algún momento de esa misma noche, dos rebeldes llevaron a los hermanos al pequeño cayo de monte que había frente a tu antigua casa, en el potrero donde criabas vacas que luego se sacrificaban para alimentar a los obreros. Mientras cenábamos, oímos ráfagas de ametralladora, pero nadie habló del asunto. Muy temprano, a la mañana siguiente, salí a recorrer la zona de donde habían procedido los disparos y encontré los cuerpos de los hermanos. Los habían enterrado apresuradamente en una zanja muy llana y los puercos cimarrones del monte que bordeaba la finca habían venido durante la noche, excavaron la tierra y se comieron los intestinos de los cadáveres; estaban llenos de mordiscos y tenían un aspecto horrible. 

 
Yo estaba indignado por lo que había visto y me fui directamente a tu antigua oficina, donde el Che Guevara estaba sentado ante el escritorio. Estaba tan furioso que, sin pensar en las consecuencias, increpé al argentino: ‘Escúcheme, joven, cuando usted ordene que maten a alguien, lo menos que puede hacer es enterrarlo como merece. Sus hombres se limitaron a echar un poco de tierra encima de esos muchachos y los puercos vinieron y les comieron las tripas. ¡Eso no se hace!’. Guevara estaba de buen humor, se limitó a reír y me dijo: ‘Vale, viejo, voy a seguir tu consejo’.
  
Salí de allí, puse los dos cadáveres en una camioneta y, junto con mi hijo Agustín, los conduje hasta un lugar que me pareció apropiado para enterrarlos. Nunca he dicho ni una palabra de esto a nadie y creo que nadie más de la arrocera conoce la historia. Los padres de esos muchachos no tienen ni idea de lo que pasó ni saben dónde están sus hijos. Los enterré bajo una caoba, cerca de la caseta de bombeo de la estación número 10. Tú debes buscar a los padres, darles la noticia y llevarlos a la tumba de sus hijos. Yo no voy a hacerlo”.

Así que fui al pueblo de Vertientes, de donde eran los dos hermanos, encontré a los padres y los llevé al lugar donde el viejo Andrés había enterrado a sus hijos. Al llegar, los abracé y me marché inmediatamente. No podía hacer nada más y ni siquiera sé cómo tuve el valor de hacer aquello.

Esto sucedió en marzo de 1959. Ni recuerdo los nombres de pila de los hermanos, pero sé quiénes eran y creo que tenían entre 26 y 30 años de edad. El mayor tenía unas marcas en el rostro que deben haber sido de acné juvenil. Me parece que las acusaciones que les formularon tenían algo que ver con rumores sobre sabotajes cometidos en la finca.

 Resulta difícil comprender cómo pudo ocurrir este tipo de cosa, pero eran tiempos muy complicados. La gente que trataba de congraciarse con los revolucionarios denunciaba incluso a sus propios padres para apuntarse con los rebeldes. Para mí, fue un periodo muy difícil. Tenía sólo 28 años, con una esposa y tres niños a mi cargo, y traté de sobrevivir como pude en medio de la confusión, el miedo y la inestabilidad de la guerra seguida por la primera etapa del proceso revolucionario. Fueron tiempos de grandes trastornos y, en realidad, no había a dónde acudir para denunciar este crimen. 

El lugar donde los hermanos fueron asesinados estaba dentro de los linderos de una finca que fue propiedad de la familia Ugalde. El apellido del viejo Andrés era Ugalde, la finca había sido de su hermano. Era un buen hombre, la clase de persona que no abunda hoy en día. Siempre demostró tener una honradez y un sentido del honor extraordinarios. 

Creo que el apellido de los hermanos era Tapia, pero han pasado más de cincuenta años y la memoria pudiera fallar. Pero todo ocurrió tal como lo he contado.


 
Nota: La foto es una que tenía del mayor de los hermanos, tomada alrededor del 1958.