lunes, 24 de septiembre de 2012

El desconocimiento de los herederos


Disminuir a un 47% de la población porque no paga federal income tax, aunque paga payroll tax o state tax, o porque se acoja a programas de ayuda como los recortes por niños, no solo es fruto de un carácter soberbio y de una ceguera y desprecio absoluto para reconocer el esfuerzo del otro, sino que, cuando quien lo dice se ha acogido a todos los recortes posibles que el sistema ofrece a quienes más ganan, hasta llegar a pagar una tasa mínima, es un verdadero descaro.
Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD

Existe una diferencia sustantiva entre las personas que nacen con padres que pueden costearles una buena educación, una buena nutrición, atención médica, techo en un buen vecindario, y los que no. En todos los países hay hijos de todas las clases. Desde los ricos y la clase media, hasta los pobres e hijos de personas sumidas en la miseria. La diferencia entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado es la capacidad de los estados para aportar a todos esas ventajas que en otros países solo obtienen los primeros.

En repetidas ocasiones, quienes están acostumbrados a tenerlo todo, creen que lo merecen por haber nacido, y caen en engaños, o no valoran lo que les fue dado. Así, desvirtúan incluso el trabajo de sus padres, diciendo que ellos empezaron de cero, como si todos los privilegios que recibieron, no contaran.

En su obra La rebelión de las masas, José Ortega y Gasset lo titula algo como la maldición de los herederos. Pienso que ese desconocimiento por los privilegios, que se cree que existen por arte de magia, también está siendo, para un grupo de personas en Estados Unidos, un desconocimiento de las bondades de este país, que a lo largo de su historia ha conseguido redistribuir la riqueza de tal manera que todos puedan tener los mismos derechos, y las mismas oportunidades de prosperar en la vida.

La palabra redistribución es causa de acusaciones de comunismo, como si fuera antónimo de libertad. ¿Pero acaso no es esa la función del estado? Cuando una parte de los impuestos se destina a los militares y las agencias de seguridad, otra a la infraestructura, a la educación pública, a la investigación, al sistema de justicia, a los departamentos de bomberos y policía, al pago de los funcionarios públicos y al sostenimiento de los edificios donde operan las gobernaciones, los congresos, los juzgados y las alcaldías, entre otras, ¿no se trata de una redistribución?

Sí, quizá con lo que pagaría un millonario si le quitan los recortes, éste podría comprar un avión o agregarle un cero a su cuenta corriente. Pero la idea es aportar también a la sociedad donde se vive, para que un gobierno se encargue del bien común. Seguramente la enorme red de escuelas y universidades públicas con que cuenta Estados Unidos fue construida con la suma de muchos que podrían haberse comprado un carro nuevo, pero la existencia de esos centros educativos, garantiza una seguridad a la libertad y la prosperidad que en esta tierra se respira, que vale mucho más que un carro nuevo, y conviene incluso al que envía a sus hijos a un colegio privado.

En los países subdesarrollados los impuestos muchas veces van a las cuentas bancarias de los políticos. O en muchos, los que más dinero tienen, son quienes más evaden. Aquello se traduce no solo en unas ciudades y un campo con una infraestructura muy débil, sino en una pobreza e inseguridad enormes. Pero no creo que a nadie se le ocurra que la solución sea que la gente que más puede, deje de aportar. Más bien que los gobiernos combatan la corrupción, recauden lo justo, y velen porque se adjudique equitativamente.

Estados Unidos se caracteriza por ser un país de grandes emprendedores y grandes trabajadores. Disminuir a un 47% de la población porque no paga federal income tax, aunque paga payroll tax o state tax, o porque se acoja a programas de ayuda como los recortes por niños, no solo es fruto de un carácter soberbio y de una ceguera y desprecio absoluto para reconocer el esfuerzo del otro, sino que, cuando quien lo dice se ha acogido a todos los recortes posibles que el sistema ofrece a quienes más ganan, hasta llegar a pagar una tasa mínima, es un verdadero descaro. Lo más increíble es que entre ese 47% al que se refiere el candidato, unos cuantos miles hacen parte del 1% que más gana, que terminan pagando cero.

Gracias a un estado que garantiza los derechos, EEUU ha sido uno de los países con mayor movilidad social, donde prosperan muchos que, verdaderamente, empezaron de cero, y son muy pocos los desamparados. Pero esto sucede porque una parte de los impuestos que siempre pagaron todos, se destina a programas de ayuda a los menos privilegiados.

Y no por arte de magia, como al parecer cree un candidato.

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